Historia Amadeus fundación

Historia Amadeus fundación

 

Desde 1,988 la Organización Amadeus comenzó su labor en la ciudad de Medellín, primero facilitando la adquisición de instrumentos, partituras y accesorios para la educación y actividad musical, luego desarrollando programas musicales que aportaran al quehacer cultural de la ciudad, pensando siempre que en promover la cultura estaría parte de la solución de los problemas para su desarrollo. El inicio de los noventa mostró un recrudecimiento de la violencia y destapó una de las crisis sociales más trágicas de todos los tiempos. Allí se descubrieron en la ciudad unas fronteras que la dividían y marginaban desde todo punto de vista  a las que desde entonces se empezaron a llamar “Las Comunas”, o barrios marginados de la ciudad.

 

Amadeus incursionó con sus programas en estos barrios, llegando a comunidades relativamente cercanas e invitándolos a participar de charlas de apreciación musical y otras actividades, hasta lograr la estructuración del primer concierto de Navidad con música clásica y colombiana que sirviera de argumento para unir a dos comunas rivales: la nororiental y noroccidental, cuyo conflicto había ya cobrado muchas vidas y generado un clima invivible en esos barrios.

 

Era el año 90 y se realizó “Feliz Navidad Antioquia”, y los integrantes de una comuna tenían la condición de ir a la otra a armar y desarrollar el concierto. Se rompieron las fronteras, se unieron todos en el propósito de paz y se hizo una gran celebración Navideña con toda la gente en los parques de Aranjuez y Castilla. También había llegado por primera vez la música clásica –con músicos en vivo- a los barrios de la ciudad. Allí, al sumar tantas experiencias y lecciones comprendimos que el problema no era cultural sino social.

 

Comenzamos entonces la tarea de desarrollar programas de formación musical con un componente de formación humana que nos permitiera entrar de lleno en estas comunidades y llevarles oportunidades que nunca tuvieron, con el fin de lograr un gran proceso de formación y realización musical y cultural –no desde la ciudad- sino desde los barrios, y que esto nos ayudara a demostrar cuánto talento y capacidad existe en los barrios, y lo que una persona puede hacer con un poco de ayuda y apoyo. También queríamos demostrar que la solución no era marginando los barrios sino trabajando desde ellos.

 

En el año 1,993 La crisis y desaparición de la Orquesta Sinfónica de Antioquia nos llevó a crear un programa al aire libre en el Parque de Banderas de la ciudad en donde la gente de todos los estratos podía llegar, sin ningún costo, a escuchar y ver videos de música clásica en una pantalla gigante con un sonido extraordinario, y disfrutar de obras cortas y muy representativas del arte, rodeados del ambiente paisa de un parque con comidas y bebidas y el clima maravilloso de la ciudad. Este programa sacaba la música seria y acartonada del teatro y la llevaba a la gente del común a sus lugares habituales, era una manera de socializar el arte y hacerlo más pensando en la gente.

 

En el año 1,994 se creó la Escuela Musical Amadeus para prestar el servicio de formación musical en otros instrumentos como piano, guitarra, canto, etc, pero que a la vez sirviera de laboratorio para el estudio y planeación de lo que sería el Programa de Escuelas de Música y Orquestas Sinfónicas que ya teníamos en mente.

 

En el año 1,995 comenzamos la tarea de convencer al gobierno local de la necesidad de crear unas Escuelas de Música en los barrios de la ciudad con vocación sinfónica, que sirvieran en un futuro para proveer los músicos necesarios para una orquesta sinfónica y de paso llenar las salas de conciertos con un público nuevo y numeroso que surgiera del proceso de formación en los barrios. Era otra idea que no tuvo acogida y que hubo que comenzar a desarrollar por cuenta propia. Curiosamente tuvo un rechazo total en las entidades culturales y musicales de la ciudad, y a la vez la propuesta de enseñanza en el violín tuvo un rechazo total en los barrios por considerar que ese no era el instrumento de ellos sino de otra sociedad que los discriminaba y marginaba.

 

La tarea de convencimiento a todos los sectores no fue fácil, pero solo con la confianza de los barrios –por las tareas que ya veníamos desarrollando por cuenta propia allí- nos permitió espacios para comenzar la tarea de la enseñanza musical, y de paso ir convenciendo al gobierno local en un presupuesto para llevar a cabo tal aventura. Ya para 1,996 se acordó en el Concejo de la ciudad aprobar un acuerdo que cobijara este programa ya en funcionamiento, y solo para 1,997 empezaron a llegar unos recursos pequeños que fueron aliviando las necesidades.

 

En 1,998 Rubén Cova, gran director sinfónico, pedagogo y humanista, y un preparador orquestal único asumió como propio el Programa y nos aportó toda la experiencia venezolana en el desarrollo de orquestas. Allí comenzó otra etapa y el vehículo que movería todo el engranaje musical, pedagógico, social e institucional hacia nuevos horizontes.

 

Aun con el rechazo del medio musical y sin el apoyo completo del gobierno, el Programa estaba en un anonimato extremo y ad portas de ser cancelado. Fue entonces en 1,999 que el maestro Fernando Botero, por generosa gestión de Pilar Velilla del Museo de Antioquia, se acercó a la Orquesta y descubrió el tesoro oculto y además de apoyar la Orquesta con una generosa donación de instrumentos musicales –se dio a la tarea de promocionarla en Europa y darla a conocer como una de las grandes muestras culturales y sociales de un Medellín que el mundo desconocía.

 

En este año de 1,999 se creó la Fundación Amadeus para recoger la labor social de la Organización en una entidad, sin ánimo de lucro, que se diera a la tarea de gestionar recursos y abrirle espacios y horizontes a estos Programas. Allí se empezaron a consolidar los apoyos de Venezuela y su Programa de Orquestas Juveniles y también del Programa Coral. Comenzaron las giras a Ecuador en 2,002, a España e Italia en 2,003 resaltando el concierto para el Papa Juan Pablo II en el Vaticano, y el sueño realizado del maestro Botero en Venecia en la Plaza de San Marcos. Logró la hazaña en Colombia de ser la primera Orquesta Juvenil e Infantil en hacer ópera y fue exitosamente dirigida por maestros internacionales.

 

El éxito y reconocimiento llevó de nuevo la Orquesta en el 2,004 a Madrid y Valencia en España y a una agrupación orquestal más pequeña a los Estados Unidos. En Madrid la Orquesta grabó 4 programas en Televisión Española “El Conciertazo” dirigido por Fernando Argenta, programas que luego fueron transmitidos a toda Hispanoamérica.

 

Simultáneamente el Coro Juvenil e Infantil hacía su propio recorrido por escenarios en Medellín tanto a capella como con orquesta. Realizó varias temporadas de ópera con mucho reconocimiento. Viajó a Cali y Bogotá en varias ocasiones para hacer conciertos y unirse al Coro de Voces Andinas dirigido por los maestros María Ginan y Alberto Grau, apoyados por la CAF y Fesnojiv de Venezuela que dirige el maestro José Antonio Abreu. Allí, en Venezuela se presentaron también en varias ocasiones representando a Colombia en los encuentros andinos.   

 

En Mayo de 2,005 el gobierno local entregó las Escuelas de Música a la Universidad de Antioquia para su manejo y administración.

 

En enero de 2,010 el gobierno local entregó también el programa de Orquestas y Coros a la Universidad de Antioquia para su manejo y administración.

 

Los niños y jóvenes integrantes de los programas creados y desarrollados por Amadeus durante tantos años, sus familias y otras tantas personas cercanas a los Programas, deciden retirarse y proponer “Un nuevo comienzo” juntos e independientes con la Fundación, para continuar lo que ya venía desarrollándose tan exitosamente.

“El Siempre Juntos” se convierte en propósito definitivo y nos lleva a crear otras alternativas para darle lugar y consistencia a este nuevo desafío. Desde entonces y con muchas dificultades económicas y logísticas se ha ido estructurando un Programa a la medida y sentir de los jóvenes y niños y que les recupera su familia y el espacio ideal para desarrollar sus sueños. Este es un Programa que se metió en el corazón de todos; que se ganó sus sentimientos, su confianza y su afecto; un Programa en el que todos creen y que todos aman y era sencillamente imposible desbaratarlo o dejarlo atrás.

 

En nuestro sentir el Programa caló en los que tenía que calar y le cumplió a tantos niños y jóvenes que se le midieron a esta aventura. El que todos ellos se decidieran por la Fundación y nuestros procesos de formación, de exigencia y resultados nos hizo ver que si bien había una labor cumplida –había una gigante por hacer, y que lo que habíamos logrado era solo el comienzo, y que ya no había paso atrás.

 

Ha comenzado una nueva era para el Programa y también para la Fundación. Una llena de nuevos desafíos y de grandes ilusiones. Una de extrema responsabilidad para seguir aportando a las vidas de estos pequeños, y a través de ellos a este Medellín que amamos. Una nueva era donde ellos ya no son solo los beneficiarios y los objetivos, sino donde ellos son los protagonistas.

 

Esta era la lideran ellos con sus experiencias e iniciativas; con los mayores desde donde se encuentran, en otras orquestas de la ciudad y en conservatorios del mundo; con el equipo de profesores, directores y talleristas que aportan su tiempo generosamente para que se logren los objetivos; con los padres y madres tan comprometidos que acompañan el proceso con su innegable devoción y compromiso; con un número siempre creciente de amigos, adeptos, fans, cercanos, admiradores y seguidores de esta marcha perenne que se empeña en demostrar que existe una juventud distinta y en crecimiento que puede devolvernos la esperanza y construir espacios de convivencia y de futuro.

 

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